4 estaciones tiene el año y cómo la propia vida podríamos hacer un análisis a través de ellas de lo que nos ocurre en este paso del tiempo.

El otoño es de esas estaciones que considero tiene más contrastes, un periodo de transición, entre lo viejo y lo nuevo. Somos como ese árbol, anclado ante las inclemencias del tiempo, que debe estar aguantando y aferrado a sus raíces pase lo que pase, al igual que nosotros. La etapa que está entre el verano y el invierno es como una metáfora, donde lo que se pudre se cae para dejar paso a lo nuevo, lo que pierde color se va y después de un tiempo razonable vuelve a surgir con más fuerza y renovado.

Una época del año que nos ofrece mil y un colores que conviven y se respetan, empezando del verde de las hojas de verano para pasar a esa gama de amarillos, marrones, naranjas que hacen que nuestro cuerpo reaccione a sus estímulos, sin dejar de recordarnos que hay otras gamas de colores que nunca se pierden. Esas flores que representan que da igual como te sientas, siempre hay un rincón para la luz y la alegría.

Dejar que el otoño se lleve lo que no vale ya de vuestras vidas, respirar habiendo dejado el peso de lo muerto y estéril y preparar la llegada de lo nuevo, de lo que vale con el alma despejada y los sentidos alerta.

Vivir, es lo que nos puede enseñar este otoño.

Hasta pronto.

 

 

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