Igual que una novia se pone su traje blanco para empezar una nueva vida, Salamanca se ha vestido para comenzar este año 2021 de un blanco inmaculado que nos ha regalado una estampa maravillosa.

Salamanca, la ciudad dorada, no necesita ningún adorno para brillar, no es necesario poner ningún complemento para que nos muestre toda su grandeza, pero cuando lo hace el resultado es sencillamente espectacular.

Desde la Plaza Mayor, ese cuadrado imperfecto que es simplemente perfecto, donde no solo nos regala su belleza la propia plaza, sino que entre sus puertas puedes descubrir rincones maravillosos como la Plaza del Mercado o la Plaza del Poeta Iglesias, testigo de como Churriguera dio vida a la propia Plaza Mayor.

Pasando por su centenaria universidad donde Fray Luis de León permanece vigilante en la puerta y no descansa bajo ninguna condición o donde la famosa rana se burla de todos los visitantes retándolos a encontrarla y que es tan hábil que ni la nieve a podido taparla.

La Catedral Nueva, pegada como un siamés a su hermana pequeña la Catedral Vieja que no se dejó avasallar y quiso permanecer a su lado, interperrita al paso del tiempo con su torre del Gallo, orgullosa y gallarda desafiando la alta torre de su hermana mayor y no dejándose amilanar.

El Patio Chico con su alfombra blanca e inmaculada que te invita a iniciar un viaje de luz hacia el interior por donde nadie se atreve a pisar para no estropear su magia.

El Huerto de Calixto y Melibea donde la literatura cuenta la desgraciada historia de amor de dos amantes que no podían ser libres pero les regaló un espacio en el que las horas parecen minutos y los días, horas.

El Puente Romano, que nos habla de historia, de tiempos muy lejanos en que la rivera del Tormes se abrió al mundo y Salamanca aprovechó para hacerse inmortal y mundialmente conocida.

Y cómo no, el río, el que vertebra toda la ciudad, el que abastece y corre incesante e incansable hacia su camino al Duero.

Todo ello, como he dicho al principio, envuelto en un manto blanco que nos ha regalado este invierno, un espectáculo tan grande, que hasta unas palomas rosas se sumaron para poner la guinda al pastel.

Espero que os haya gustado mi paseo tanto como yo lo he disfrutado.

 

 

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